La Ciudad de México es infeliz testigo de las consecuencias de la improvisación y de la carencia de planeación en lo referente a áreas verdes urbanas. La estructura verde existente es básicamente la que se creó durante la época colonial, con algunas adiciones y muchas sustracciones que nunca compensaron el crecimiento desmesurado de la ciudad. El Parque de la Lama, hoy convertido en el World Trade Center (WTC) México, es un ejemplo de una sustracción "legal" paulatina de superficie verde de la megalópolis.
En los años 30, en el predio frente a la antigua Vía del Centenario —hoy Avenida de los Insurgentes— había un bosque que abría los domingos a todo el público. En 1947, el empresario Jerónimo de la Lama comenzó a lotificar la Colonia Nápoles, conservando este predio, al que pesaba darle un uso privado.
A principios de los 60, Guillermo Rossell de la Lama presentó a su abuelo el proyecto de un centro turístico y cultural. Para entonces el terreno ya tenía gran valor comercial; el proyecto fue vendido a Manuel Suárez y Suárez. Ernesto Uruchurtu, durante su periodo como jefe de Departamento del DF, se opuso a este proyecto, ya que pretendía expropiar el predio y destinar el Parque de la Lama para un uso público.
Pero había otras prioridades, se acercaban los Juegos Olímpicos del 68 y Manuel Suárez desarrolló un concepto para construir un hotel que fuera símbolo de México ante el mundo. La construcción del Hotel de México tuvo retrasos y excedió su presupuesto, no fue terminado a tiempo para el magno evento, y se convirtió en un elefante blanco que eventualmente llevó a sus dueños a la ruina, quedando inconcluso y abandonado por años.
No fue sino hasta finales de los 80 cuando se planteó convertir al Hotel de México en un centro internacional de negocios; la primera etapa del WTC
México fue concluida en 1995. La segunda fase, que incluye un centro comercial y dos hoteles, se concluyó hace apenas unos años, con un fuerte impacto urbano y de servicios a la zona.