TOWER BRIDGE
El dominio romano sobre los diversos pueblos que se asentaron en las orillas del río Támesis dio pie a Londinium (hoy Londres), territorio que fue fortificado por el imperio y enriquecido gracias a su conexión estratégica con el mar.
Esta urbe cosmopolita está conectada por sus históricos puentes, que dan testimonio de su constante transformación urbana y arquitectónica. En ellos no sólo se evidencia el avance o el desarrollo de diversos factores sociales, sino el espacio urbano y la forma en que la arquitectura contemporánea se inserta en el panorama local, al tiempo que genera contrastes evidentes.
A pesar de que en años recientes se hicieron estructuras con un lenguaje renovado, sin duda el Tower Bridge es un clásico que sigue siendo una de las construcciones más icónicas y valoradas por los turistas.
La idea de erigirlo surgió de la explosión demográfica de la época y del tráfico de vehículos inherente que obligó a la realización de un concurso en el que se presentaron 50 proyectos, de los cuales la propuesta del arquitecto Horace Jones resultó vencedora, en 1884.
La estructura que propuso contaba con 244 m de longitud y dos torres de 65 m de altura. Exigió la construcción de dos enormes pilares en el cauce del río, que necesitaron más de 11,000 toneladas de acero, ocho años y poco más de 400 obreros para convertirse en la más avanzada a nivel tecnológico de su época, debido a sus características móviles (plataformas levadizas) operadas por un sistema hidráulico impulsado por máquinas de vapor.
Hoy, el Tower Bridge sigue siendo uno de los más bellos y al verlo desde abajo o al contemplar la ciudad sobre él es posible comprender por qué la historia le hace justo honor a su magnificencia.
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