La Ciudad de México requiere, para subsistir, 33.20 metros cúbicos de agua por segundo (m3/seg). Pero no toda esa agua va a parar justo y debidamente a nuestras tomas domiciliarias; es decir, el uso del agua no es eficiente. De acuerdo con el V Informe de la Secretaría del Medio Ambiente, de todo el caudal que se obtiene del Sistema de Aguas de la Ciudad de México, el 17% se destina para el uso industrial y comercial, el 51% para el uso doméstico y un 32% se desperdicia por fugas o se utiliza en tomas clandestinas. Por su parte, la doctora Blanca Elena Jiménez Cisneros, coordinadora del Grupo de Tratamiento y Reuso del Instituto de Ingeniería de la UNAM afirma que ese porcentaje es del orden de 43%.
El informe
referido también menciona que de los 33.20 m3/seg que llegan al área metropolitana, 3.85 provienen del sistema ubicado en la cuenca del Río Lerma, 2.70 del Chalmita, Risco y La Caldera; 9.92 del Sistema Cutzamala, 15.93 de acuíferos del Valle de México, y los 0.80 m3/seg restantes de manantiales).
En la Ciudad de México ya no se debe seguir extrayendo agua del subsuelo. La explotación de sus acuíferos es casi 100% superior a la recarga; esta capacidad se ha reducido considerablemente debido a la expansión de la mancha urbana y a la desforestación de zonas con vocación natural para la recarga. Debido a lo anterior la ciudad se ha hundido 7.50 m en los últimos 100 años. Este desplazamiento vertical provoca grandes problemas en el funcionamiento de las redes de drenaje, así como significativas pérdidas en las redes de abastecimiento por la fractura de las tuberías. Aunado a lo anterior están los movimientos telúricos que se presentan en el Valle de México. Sin duda es un círculo vicioso.
Lejos de la ciudad, en las cuencas del surponiente del Estado de México —Temascaltepec, en la cuenca del alto Cutzamala—, los campesinos ven al monstruo de la gran capital poner la mira en sus abundantes escurrimientos superficiales; angustiados y preocupados afirman que “el agua es la mitad de la vida, y sin agua para qué queremos la tierra”.