Sin duda alguna las sales son un dolor de cabeza para los constructores y habitantes de las zonas cercanas a lagos, lechos de ríos, lagunas y mares. También quienes radican en sitios con un alto nivel freático tienen que lidiar con el problema. Sin embargo, las sales no sólo están presentes en los terrenos; de igual forma las podemos encontrar en el yeso de los plafones, en los morteros usados para adherir las hiladas de block o ladrillo, y en la mezcla de los aplanados, repellos y enjarres.
No habría mucho que hacer si se deseara cambiar las características del suelo. Por ende, los constructores deben tomar en cuenta que para combatir los estragos que causan las sales en las edificaciones no queda más que impedir que las sustancias entren en las estructuras.
Por lo tanto, a manera de prevención, antes de levantar una edificación en un terreno afectado hay que impermeabilizar las plantillas, cadenas, desplantes, muros, charolas de baño, jardineras, fachadas, losas, cisternas, pretiles y muretes.
Información proporcionada por Imperquimia indica que los productos
destinados para combatir la salinidad trabajan de diferente manera: "Algunos formando cristales, otros formando una película invirtiendo la capilaridad del poro, penetrando en los poros del sustrato y formando una película ahulada transparente, pero como barrera de vapor".
Más vale prevenir que reparar
En la actualidad los constructores prefieren prevenir y no pagar consecuencias. Basados en esta filosofía la industria ha desarrollado distintas técnicas encargadas de impedir el ascenso del salitre o eflorescencia por las paredes de los inmuebles.
El método más sencillo consiste en cubrir los cimientos con asfalto, para evitar que la humedad suba a los tabiques. Este material tiende a sufrir cuarteaduras cuando está expuesto a los rayos ultra violeta (UV), pero en este caso no habrá problema, pues quedan bajo tierra.