En México hay un sin fin de desigualdades y en muchos aspectos se perciben desequilibrios en torno al tema del agua. La presencia y disponibilidad del vital líquido no es la excepción. En el altiplano central y en la zona norte —curiosamente las regiones más productivas y sin tantos recursos naturales como otras, y en donde pareciera que la carencia de recursos detona el desarrollo— el agua es muy escasa; sin embargo, en la zona sur la disponibilidad es abundante y en ocasiones las intensas precipitaciones provocan escurrimientos que la mayoría de las veces se tornan incontrolables y desastrosos. A todo lo anterior hay que sumarle la constante demanda de agua en todas todo el país en cualquier época del año.
Para equilibrar esta irregular disponibilidad resulta necesario almacenar y controlar el líquido en época de abundancia para usarlo en tiempos de escasez; esto es un principio elemental de sobrevivencia y de habilidad para el aprovechamiento total y eficiente del recurso.
Bordos, canales y embalses
Un caso particular para la captación, almacenamiento y conducción del agua superficial es la construcción de canales y pequeños embalses de agua —también conocidos como ollas, aguajes, balsas, jagueyes y bordos— de entre 10 y 400 hectáreas de extensión, utilizados principalmente para zonas agropecuarias, aunque también son empleados, entre otras cosas, para usos recreativos, estéticos, de pesca, caza, acuicultura o para consumo humano.