El monumento religioso más importante de México ha recobrado su esplendor y finalmente se ha garantizado su estabilidad estructural. La Catedral Metropolitana —edificación considerada patrimonio arquitectónico de América Latina— luce pletórica
: libre de andamios, escaleras o dispositivos de control geométrico. Se han ido aquellos sonidos de herramientas que en los últimos años hacían eco al celebrarse la homilía.
Restaurar
un monumento de tal importancia cultural e histórica no fue fácil, mucho menos reunir la voluntad política para realizarla, asegura el Dr. Xavier Cortés Rocha, titular de la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural. Los trabajos realizados requirieron una inversión superior a 120 millones de pesos, provenientes de los gobiernos Federal, capitalino y de España, además de aportaciones de diversas asociaciones civiles, empresas y particulares.
Según Cortés Rocha, los daños generados en el monumento son producto del hundimiento sufrido por la Catedral
, que ha derivado en una pérdida de la vertical entre la cúpula y el piso. Este proceso puede dividirse en dos etapas: la primera, registrada entre 1573 y 1900, y la segunda de 1901 a 1989 cuando se alcanzó un desnivel máximo de 2.4 m, sin duda el momento más crítico a nivel estructural.
Los daños ocasionados —fisuras, roturas, desprendimiento de piezas, etcétera— en algunos de los elementos arquitectónicos y artísticos del monumento como la cúpula
principal, las portadas laterales, columnas, ventanas, retablos, pinturas, entre otros, han sido ocasionados por los hundimientos diferenciales, por los sismos frecuentes de regular intensidad, un incendio ocurrido en 1967, y por las obras mismas de corrección geométrica y rehabilitación estructural emprendidas entre 1989 y 2000.