El concreto es un elemento primordial en la construcción dentro del desarrollo de las civilizaciones modernas. Se revela como un material vivo, sujeto a una serie de reacciones físicas y químicas, así como a los efectos del ambiente: a la vez que puede ser moldeado para originar grandes proyectos, posee su propio proceso interno de evolución hasta alcanzar plenamente sus principales características: resistencia y durabilidad. De ahí la importancia de brindarle condiciones idóneas para su maduración, de manera que una vez que se ha conformado esa amalgama de pasta de cemento, agregados, agua y aditivos, es indispensable curarlo adecuadamente; de no efectuarse rigurosamente dicho proceso, el concreto queda expuesto a la intemperie, a la pérdida acelerada de humedad y agrietamientos por contracción en el momento del secado.
El curado consiste en mantener un contenido adecuado de humedad y temperatura en el concreto
recién colado para que se puedan desarrollar sus propiedades. Las membranas sustituyen métodos tradicionales de curado como son los de inmersión, aspersión, uso de costales y mantas con cubiertas absorbentes, curado con tierra mojada, arena o con aserrín. La ventaja de los compuestos para el curado es que son más prácticos, fáciles y rápidos de aplicar, a la vez que es mayor su eficacia, amén de que han ido evolucionado y diversificándose para adaptarse mejor a las distintas condiciones ambientales y necesidades del proyecto de obra.
Las voces de la experiencia
El ing. Jorge Robles Glenn, de Curacreto, explica a Obras que las membranas de curado surgieron en México en los años cincuenta, patentadas por esta empresa, y destaca los aspectos básicos que deben cuidarse durante el curado como son: la humedad, la temperatura y la prontitud con que se inicie dicho curado. El tiempo de curado depende del diseño de la mezcla, de la zona geográfica, del clima, de la humedad relativa y de la temperatura, así como en su caso, de la distancia que recorra el concreto desde el momento en que se produjo hasta la hora que es vaciado en la obra. Estos factores se calculan con base en la pérdida de agua por gramos por centímetro cuadrado por hora relativa a la temperatura del aire y del concreto, y la pérdida del agua en gramos por centímetro cuadrado por hora en relación a la humedad relativa del aire. Para mayor exactitud también es considerada la erosión, determinada por la velocidad del viento.