La Purificadora toma un segundo aire. A sus 160 años de edad, la otrora planta potabilizadora de agua cambia su vocación industrial por otra más glamorosa: dejó de producir hielo para alojar a turistas que buscan espacios únicos, que poco tienen que ver con los formatos estandarizados de las grandes cadenas hoteleras.
Rafael Micha, socio del grupo Habita, refiere que una de sus más importantes estrategias de desarrollo ha sido "crear destinos irrepetibles, cada uno con su propia personalidad". Y éste es el caso de La Purificadora
, hotel en Puebla, situado en la parte más antigua del Centro de esa ciudad.
El inmueble está inscrito dentro del plan maestro de rescate denominado Paseo del Río de San Francisco, que nació en 1997 con inversión privada y bajo el fideicomiso del mismo nombre para promover y rescatar esta antigua zona, dotándola con diversos equipamientos de primer nivel: un centro comercial, un centro de convenciones, hoteles, restaurantes, áreas verdes y galerías de arte, entre otros destinos, convirtiéndose al mismo tiempo en un importante sitio de investigación arqueológica.
La importancia de la iniciativa se basa en el aprovechamiento y restauración del patrimonio histórico industrial existente, lo que detonará la regeneración de los barrios ubicados en sus inmediaciones, como El Alto, La Luz y Analco, considerados como los más viejos e importantes de la ciudad. Es de señalarse que en 1987 el Centro histórico de Puebla fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura, la Ciencia y la Educación (UNESCO, por sus siglas en inglés).
Revivir a través del agua
El nuevo hotel boutique
se desarrolló en un inmueble que en 1884 —época de la industrialización textil en México y Puebla— fue una fábrica de capital francés. La entonces Casa Latisnere —o Antiguo Manantial de Aguas Minerales y Bebidas Gaseosas—, posteriormente fue conocida como Fábrica de Aguas Minerales, Hielo y Bebidas de Sabores "La Superior". Con el escenario puesto, la creatividad fue retada para llevar la construcción decimonónica a su renacimiento en pleno siglo XXI. El resultado obtenido por Legorreta+Legorreta en sociedad con Serrano Monjaraz Arquitectos es un inmueble de baja escala que se inserta respetuosamente en su contexto inmediato, sin competir con él. La primera incursión de ambos despachos en tierras poblanas logra un volumen humano dentro de una zona exclusivamente peatonal. Derivados de una cuidadosa búsqueda plástica, la sobria utilización de los materiales locales, apegados a los originales, contrasta con el colorido y texturas del entorno.